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El proyecto se ubica en el Cabo Finisterre, el fin del mundo, y para algunos peregrinos la última etapa del camino de Santiago. Una etapa que finaliza con tres rituales mediante los cuales los peregrinos purificaban sus almas antes de volver a sus casas. Estos rituales consistían en: bañarse en la playa de Langosteira, limpiándose tras el largo camino; quemar los ropajes utilizados, deshaciéndose de lo viejo; y ver la puesta de sol, finalizando la etapa previa al camino y dando la bienvenida a la nueva.

El encargo consiste en la creación de un espacio donde los peregrinos puedan llevar a cabo los dos últimos rituales. El primer espacio lo conforma el quemador, se caracteriza por ser un volumen cerrado con una apertura cenital en el centro. Este espacio además actúa como elemento de articulación puesto que tras finalizar con la quema de los ropajes el peregrino puedo elegir entre tres "caminos" los cuales conducen a diferentes miradores o lugares de meditación desde donde contemplar la puesta de sol o meditar.

La característica más destacada del proyecto son los materiales empleados. Las paredes están formadas por jaulas de piedras, que además de facilitar la adaptación a la topografía del terreno permiten el paso de la luz, del aire y de los sonidos procedentes del exterior. Puesto que el camino es algo que transcurre en el exterior una característica importante con el que debía contar el edificio era la permeabilidad.

Proyecto en colaboración con Tran Hoang My Linh.